Lo que sigue es mi traducción del primer capítulo del libro Archimedes and the Door of Science, estupenda obra de Jeanne Bendick publicada hace unos doce años por Bethlehem Books. Yo traduje cuatro capítulos por mi gusto y espero no estar violando los derechos de nadie al publicar este fragmento. Si me equivoco en esto, que se me haga saber y quito el texto de aquí.
Below is my translation of the first chapter of Archimedes and the Door of Science, by Jeanne Bendick, wonderful book that was published about 12 years ago by Bethlehem Books. I translated four chapters just because I like the book—and I hope I am not infringing anybody’s rights by including this fragment here. If I am wrong, please let me know, and I will remove it.
(1)
¿Quién fue Arquímedes?
Arquímedes fue un ciudadano de Grecia. Nació en 287 AC en una ciudad llamada Siracusa, en la isla de Sicilia.
Cuando nació Arquímedes, a la entrada de la casa se colgó una rama de olivo para anunciarle a toda Siracusa que el astrónomo Fidias tenía un hijo. Una esclava lavó al recién nacido en agua tibia y aceite, y luego lo envolvió en una banda de lana, del cuello a los pies, tal como muchos indios norteamericanos envolvían a sus críos.
El nacimiento de Arquímedes se celebró con dos fiestas familiares. Cuando tenía cinco días de nacido, su niñera, con el bien envuelto niño en brazos, corrió en torno al fogón circular del salón principal de la casa, seguida, a todo correr, de todos los demás habitantes del hogar, lo mismo parientes que esclavos. Esta ceremonia puso para siempre al niño bajo el cuidado y la protección de los dioses familiares.
El décimo día después del nacimiento fue el día de ponerle nombre al niño. Fidias hizo una fiesta para toda la familia y sus amigos. Delante de todos los invitados, prometió solemnemente criar a su hijo y educarlo como ciudadano de Grecia. Y entonces le dio el nombre de Arquímedes.
Fue un solo nombre, sin apellido o patronímico. Tal vez le pusieron Arquímedes por su abuelo o por un amigo de la familia o por un dios. Se caviló mucho para darle al niño este nombre, que se escogió cuidadosamente para que le trajera buena suerte. Luego, los invitados amontonaron sus obsequios cerca de la cuna colgante, se ofreció un sacrificio a los dioses y, finalmente, se sirvió un gran festín.
Los dioses familiares deben haber visto con buenos ojos al pequeño Arquímedes, y su nombre debe haber estado bien escogido, porque llegó a ser uno de los científicos más grandes que ha tenido el mundo.
La mayoría de las cosas que tú sabes acerca de la ciencia lo hubieran dejado perplejo y aturdido. Pero muchas de las cosas que sabes acerca de la ciencia empezaron con Arquímedes.
¿Qué tuvo de excepcional este hombre que pasó casi toda su vida en una islita, hace más de dos mil años?
Arquímedes tuvo mucho de excepcional. Su mente nunca estaba quieta, sino siempre en procura de algo que añadir a la suma de las cosas que conocía el mundo. Ningún hecho carecía de importancia; ningún problema era soso. Arquímedes no sólo trabajaba con la cabeza, sino que también hacía experimentos científicos para obtener conocimientos y comprobar sus ideas.
Muchos de sus descubrimientos e ideas fueron novedosos. No se basaban en cosas que ya hubieran descubierto otras personas.
Imagínate lo que eso quiere decir.
En la actualidad no tenemos que pensar en la mayoría de las cosas desde el comienzo, porque disponemos del conocimiento de todas las cosas que ha aprendido el hombre a lo largo de miles de años.
Los grandes matemáticos de nuestros días cuentan con los conocimientos y las demostraciones de miles de otros matemáticos. Los descubrimientos científicos más grandes se basan en cosas que otros científicos han aprendido, poco a poco.
Un famoso científico dijo una vez que él pudo ver tan lejos porque se irguió sobre los hombros de gigantes. Arquímedes fue uno de los gigantes. Fue uno de los primeros.
Los científicos que le siguieron tuvieron más y más con que trabajar. Arquímedes tenía solamente los principios –las ideas básicas—del gran maestro de matemáticas Euclides, y estas ideas:
que una línea recta es la distancia más corta entre dos puntos,
que la siguiente distancia más corta es una línea ligeramente curva,
y que cada línea más curva es también más larga.
¡No es mucho! Pero la mente de Arquímedes –esa mente curiosa, lógica, maravillosa, exploradora—aportó las cosas que otros todavía no hallaban.
Arquímedes inició la ciencia de la mecánica, que se ocupa de la acción de las fuerzas sobre las cosas:
cosas sólidas, como piedras y personas,
cosas líquidas, como el agua,
gases, como el aire o las nubes.
Inició la ciencia de la hidrostática, que se ocupa de la presión de los líquidos.
Descubrió las leyes de la palanca y las poleas, que condujeron a máquinas capaces de mover cargas pesadas, aumentar velocidades o cambiar direcciones.
Descubrió el principio de la flotación, que nos dice por qué algunas cosas flotan y otras se hunden, y por qué algunas se elevan en el aire.
Descubrió el principio de la gravedad específica, que es una de las pruebas científicas básicas de todos los elementos.
Un elemento es una sustancia básica. No hay combinación de sustancias en los elementos. El oro es un elemento, como lo es la plata y lo es el plomo.
El gas hidrógeno es un elemento, y también lo es el oxígeno. Pero si los combinamos, obtenemos agua, que no es un elemento, sino un compuesto.
Arquímedes descubrió que cada elemento, y aun cada combinación de elementos, tiene una densidad diferente, cierto peso por volumen, y que eso representa una buena manera de distinguir una sustancia de otra, aun cuando se vean iguales. La densidad de cualquier sustancia, comparada con la densidad de un volumen igual de agua, es su gravedad específica.
Inventó el tornillo sin fin (también llamado tornillo de Arquímedes), aparato que todavía se usa para drenar o regar terrenos, o para cargar grano y operar máquinas de velocidad elevada.
Inventó cierta máquina astronómica que mostraba eclipses solares y lunares. Calculó la duración del año, así como las distancias a los cinco planetas que conocía el mundo antiguo.
Por tres años, sus máquinas de guerra defendieron a la ciudad de Siracusa en contra de una gran flota y un ejército romanos. Pero, aunque fue un gran inventor, inventar era para él mera diversión, y las matemáticas su verdadero trabajo.
Arquímedes escribió con agudeza acerca de casi todos los asuntos matemáticos, salvo el álgebra, que era desconocida para los griegos. (No puede haber álgebra sin la idea de cero, y a nadie se le ocurrió el cero sino hasta cientos de años después de que vivió Arquímedes.) Algunas de las teorías matemáticas de Arquímedes fueron tan complicadas que todavía en la actualidad sólo las entienden expertos.
Fue el primero en demostrar que se pueden escribir y usar números inimaginablemente grandes, mayores que todas las cosas que existen.
Encendió la llama que condujo a la invención del cálculo, que es la matemática de las proporciones, velocidades y cantidades cambiantes.
Las puertas de la ciencia moderna se abrieron a través de la mente de Arquímedes.
Pero probablemente lo más importante que Arquímedes le dio al mundo fue un modo lógico de pensar en las matemáticas. Como su predecesor Euclides, halló un modo de abordar las cosas en orden, paso a paso, que le permitía demostrar o refutar sus ideas conforme avanzaba.
Arquímedes vivió en una de las civilizaciones más grandes que haya conocido el mundo, entre muchas mentes brillantes, y aun así descolló.
¿Cómo era el mundo de Arquímedes?

