Salvador Lozano entrevista a Roberto Balaguer y Cristina Canoura
“En 2009, Virginia Arlington, en ese entonces directora editorial de Santillana, nos convocó un día a la sede de la editorial a Roberto Balaguer y a mí”, me relata Cristina Canoura, la periodista uruguaya coautora de Hiperconectados, guía para la educación de los nativos digitales. “La intención de Arlington, era reunir dos saberes, el de Balaguer y el mío, como periodista especializada en el área de salud y ciencias, para crear un libro que fuera una guía para los adultos ocupados y preocupados con la hiperconexión de las nuevas generaciones”.
Así nació uno de los textos más amenos que se han publicado en América Latina sobre el efecto de las nuevas tecnología de información y comunicación en nuestra vida social, familiar, económica y educativa.

Uno de los textos más amenos que se han publicado en América Latina sobre el efecto de las TIC en nuestra vida social, familiar y educativa.
Para Canoura “fue una experiencia muy interesante pues compartía con los padres de los nativos digitales muchos prejuicios que fui derrumbando a medida que escribíamos. Yo no tenía página en Facebook y, según mi discurso, ése era un medio promiscuo. Fue Balaguer quien logró convencerme de sus bondades y me ayudó a abrir mi propia página. La foto original de mi perfil fue la de la mona Chita. Balaguer argumentaba que mis prejuiciosos comentarios parecían provenir de la famosa simia. Enseguida aprendí a cambiarla”.
“La idea era poder escribir sobre la generación de jóvenes muy ligados a la tecnología y aunar mi experiencia de investigación en ese campo conjuntamente con la escritura de una periodista dedicada a la divulgación en temas de salud y ciencia”, dice por su parte Balaguer, psicólogo y psicoterapeuta que desde hace más de una década investiga y trabaja sobre el uso y el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación en niños y adolescentes.
“De allí salió un gran equipo de trabajo, horas de discusión con mucho humor y reflexión y un material adecuado como guía para los padres un poco perdidos con esto de lidiar en el mundo digital”, añade Balaguer.
La brecha Prensky
Hiperconectados se apoya en la idea de Marc Prensky de que la introducción en gran escala de computadoras, teléfonos celulares y otros aparatos electrónicos de información y comunicación representa una genuina singularidad histórica, que ha generado la más profunda brecha generacional, la división entre los nativos digitales y los inmigrantes digitales.
Balaguer concuerda “en cierta medida, porque si bien siempre ha habido avances, en esta generación en particular los cambios son muy vertiginosos en lo que hace a tecnología. En otras áreas no se observa tal brecha. Lo cierto es que hay dos culturas en juego, la analógica y la digital. Los nativos conocen muy bien la digital y los inmigrantes la otra. Por momentos chocan ambas culturas, por momentos es posible tender puentes y unir ambos saberes, diferentes y complementarios al mismo tiempo”.
A juicio de Canoura “ésta ha sido una verdadera revolución cultural que efectivamente ha generado una importante brecha generacional”, aunque no está convencida de que sea la más profunda, pues “hay otras distancias generacionales que atañen a ideales, utopías, proyectos sociales, tan importantes como la generada por las nuevas tecnología de información y comunicación”.
Un analista de la pedagogía, Aníbal de la Torre, ha hablado un poco en broma del “complejo Prensky”, con lo que se refiere a una especie de complejo de inferioridad que sufren los docentes ante sus alumnos habilísimos en las artes cibernéticas. Los aquejados del mal tiene varios tipos de respuestas irracionales ante las TIC: negación, rechazo, depresión, etc. Les pregunto a los autores de Hiperconectados qué piensan al respecto.
“Comparto la apreciación”, me responde Canoura. “En Uruguay, el Plan Ceibal (one laptop per child) actualmente extendido a todos los escolares y liceales (nivel secundario) dejó en evidencia esa problemática. Por diferentes circunstancias, entre ellas que el sistema educativo no supo reclutar con inteligencia a los docentes para impulsar este plan, la mayoría de ellos, perplejos, sienten que la ola les pasa por arriba y los revuelca. Conciente o inconcientemente lo sabotean y no se involucran con el desafío de cerrar la brecha”.
“No se trata solamente de tecnología”, añade Balaguer. “Hay muchas más cosas implicadas cuando se introducen tecnologías disruptivas como las computadoras en la clase. El fantasma de salirse del lugar de autoridad, de dejar de ser el portador del saber acecha y se disfraza muchas veces de teoría pedagógica contra los avances. Sin embargo, es algo que alivia a los docentes de la carga de ser el que sabe y trae aire fresco a la educación, reubicando al docente en el lugar de aprendiente y no sólo en el de enseñante”.
La Comisión Europea y la OCDE han publicado un informe bastante extenso sobre cómo evaluar el efecto de las TIC en la educación. Uno de los puntos que considera es que se ha encontrado que existe entre los estudiantes de todos los niveles una brecha (a new second form of digital divide, para citar las palabras exactas) entre aquéllos que poseen las capacidades y destrezas apropiadas para beneficiarse del uso de computadoras y aquéllos que no. Se puede considerar, a primera vista, como una mera variante de la brecha Prensky; pero, como observa el informe, esas capacidades y destrezas están íntimamente ligadas al capital económico, cultural y social del estudiante. Es obvio que en muchos países esta brecha refleja primariamente el origen social y económico de los estudiantes. ¿Qué piensan Balaguer y Canoura al respecto?
“La experiencia del Plan Ceibal en mi país es un buen instrumento, quizás no perfecto, para cerrar esa brecha”, dice Canoura.
Balaguer me da detalles. “En el año 2009 edité junto a un grupo de colegas locales y referentes de España, EEUU, México y Argentina un libro que se llamaba Plan Ceibal: los ojos del mundo en el primer modelo OLPC a escala nacional (Prentice Hall) y allí alertábamos sobre eso. La mera inclusión de tecnología no alcanza a para paliar los déficit en los capitales cognitivos, culturales y sociales. Sirve para reducir la brecha pero no necesariamente cambia lo estructural que se mantiene”.
“Allí yo planteaba”, añade el psicólogo, “que hubiera sido importante generar una red (a partir de las propias XO) que funcionara como una malla, un tejido que reuniera la educación privada y la pública, los capitales cognitivos, culturales y sociales cada vez más segregados. A muchos, esa idea no les gustó, les pareció que no había que regalarle a la educación privada nada. La cuestión no era regalar a los que tenían, sino incluir en la red justamente a aquellos más poderosos, para que los más débiles y vulnerables se vieran beneficiados. No se entendió. El tiempo dirá quién tenía razón”.
Alejar a los cercanos
Una cosa que me gusta de Hiperconectados es su equilibrio. En ningún momento cae en la histeria o en la satanización de las TIC, pero no deja de advertir de los peligros que éstas traen consigo o presentan en forma nueva. Les pregunto a Balaguer y Canoura cuál piensan que es el mayor riesgo implícito en la rápida difusión de estas tecnologías y su popularidad entre los jóvenes.
Balaguer dice que “alejar los cercanos al alcanzar los lejanos” sería su frase preferida para describir uno de los posibles peligros de la hiperconexión.
“Otro es que la permanente conectividad reclama nuestra atención para aquí y para allá descentrándonos de cada tarea prolongada que pretendemos emprender. Estar siempre pendientes de estímulos externos descentra a la persona y hace que ésta esté también demasiado alerta a los cambios en el afuera en desmedro de los ritmos propios. Muchos estímulos que reclaman nuestra atención y la necesidad de estar trabajando en forma casi permanente en modo multitarea y social (con los otros en permanente contacto y feedback) con el reclamo constante de la atención desde diversas fuentes, puede ser un obstáculo comunicativo con los más cercanos y significativos”.
Canoura pone el acento en el uso inseguro por parte de los nativos digitales. “A los adultos nos compete su cuidado”, dice la periodista y madre de familia. “Las tecnologías están ahí; la mesa está servida. Son nuestros hijos los que las usan. Instruirlos en los posibles sobresaltos, no tener pudor ni miedo de poner límites, confiar en ellos, pero estar alertas, siempre, es nuestro desafío. Para ello, debemos ser ejemplo. De nada sirve que nos quejemos de su hiperconexión, si nosotros mismos no somos capaces de desconectarnos y proponer alternativas tan atractivas como las que oferta el mundo cibernético”.
Le pregunto a Canoura qué cree, como periodista en el campo de la ciencia, que nos aportan las TIC en el área de la enseñanza y la investigación.
“Nos aportan instrumentos de una riqueza infinita, siempre y cuando seamos capaces de enfrentarnos al cúmulo de información con conciencia crítica. El recorte y pegue de los datos que con tanta facilidad se encuentran en la red de redes, atenta contra la inteligencia de alumnos y docentes. De la sagacidad de los profesores y maestros para proponer y guiar la búsqueda de la información, dependerá el éxito, avance y crecimiento de sus alumnos”.
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