Hace poco un conocido me pidió que le recomendara una lista de lecturas fundamentales para su hija adolescente. Consultas parecidas me han hecho tres o cuatro veces en mi vida y, aunque no recuerdo los detalles, estoy seguro de que la primera ocasión, hará unos veinte años, mi respuesta fue muy diferente a la que doy ahora.
Hay muchas listas de lectura, algunas tan largas que desalientan y otras tan cortas que recuerdan la advertencia de Santo Tomás de Aquino: cave ab homine unius libri. Procuraré no caer en ninguno de los dos extremos.
Para empezar, a cualquiera le beneficia releer regularmente la Biblia (los Evangelios en particular), el Quijote y la Divina Comedia, así como los poemarios de Petrarca, Shakespeare, Quevedo, fray Luís de León y Sor Juana Inés de la Cruz (para mencionar a algunos de mis poetas favoritos). Si por un tiempo no puede uno leer otra cosa, con esto se mantiene vivo.
Sobre ese sustrato yo añadiría una docena de libros o autores representativos de la tradición intelectual de Occidente:
- Sófocles, en particular su ciclo de Edipo.
- Esquilo, en particular el Prometeo encadenado.
- Los diálogos de Platón, en particular la Apología de Sócrates.
- Las Meditaciones de Marco Aurelio (con el Manual de Epicteto).
- Las Confesiones de San Agustín.
- La Consolación de la filosofía de Boecio.
- La Imitación de Cristo de Kempis.
- El príncipe de Maquiavelo.
- La Utopía de Santo Tomás Moro.
- El teatro entero de Shakespeare, en especial el Hamlet y El mercader de Venecia.
- La vida es sueño de Calderón de la Barca.
- La Autobiografía de Benjamín Franklin.
Recomendaría a continuación algunas obras de variado género que me dieron especial placer cuando las leí. Unas son famosas y otras no tanto. Sencillamente a mí me gustaron y, creo, me dejaron algo valioso.
- De Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver.
- De C. S. Lewis, sus Crónicas de Narnia.
- De Chesterton, Ortodoxia.
- De B. Traven, El barco de los muertos.
- De Ray Bradbury, El vino del estío y Fahrenheit 451.
- De Jeanne Bendick, Archimedes and the door of science (que ignoro si se ha publicado en español, aunque yo traduje por gusto los cuatro primeros capítulos).
- De George Orwell, La granja de los animales.
- De Lewis Thomas, La medusa y el caracol, así como sus Reflexiones nocturnas.
Y para terminar, añadiría yo a esta exigua muestra varias colecciones de narraciones cortas. La obra de los buenos cuentistas es, a mi modo de ver, enormemente enriquecedora del espíritu. Sugiero los Cuentos de Canterbury de Chaucer, el Decamerón de Bocaccio, el Libro de los ejemplos del Conde Lucanor del infante don Juan Manuel, los cuentos de los hermanos Grimm (como los escribieron ellos), El aleph de Jorge Luis Borges, y la Canasta de cuentos mexicanos de Traven.
Con eso hay para rato.

